Las lentillas son para la lluvia

Hacia mucho que no dedicaba una mañana de Sábado únicamente para mi. Pasear por Donosti en solitario, uno de esos días lluviosos en los que el suelo te ofrece una visión algo distorsionada de la realidad, pero a la vez tan reconocible por los lugareños.

Comencé mi mañana con la llegada habitual al mercado de San Martin. Según salí del Parking me di cuenta “Otra vez se me ha olvidado el paraguas”. Soy de esos de capucha y antiparaguas porque me da la sensación de ser un objeto que además de engorroso y dejarte una mano inútil, te quita la mitad del paisaje que tienes delante de tus ojos. ¿Ojos o gafas? Aquí quería llegar yo. Pasear bajo la lluvia primaveral en la Bella Easo puede ser hasta romántico, pero con gafas es otra historia. Ese día no saqué las lentillas y vaya si me arrepentí. Me hice todo mi paseo y mis cafés con una imagen de Donosti totalmente “acuosa” debido a las gotas que se me iban acomodando en mis cristales.

Disfruté del paseo pero con lentillas hubiera disfrutado muchísimo más

Lentillas: las amigas de los no simpatizantes de los paraguas.

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