Desde 1995… ¿O quizás debería decir desde 1971?

Yo apenas contaba con 3 años cuando en Hondarribia se abrió la primera óptica. Se llamaba OPTICA BEGI. Corría el mes de mayo del año 1971. Estaba ubicada en el edificio Miramar, donde hoy se encuentra el Bar Cafetería Miramar. En ella trabajaban mi Madre y el Tío Ramón. Era el tío de mi padre. De profesión: Óptico de Anteojería. Él mismo fabricaba las monturas y realizaba el montaje de los lentes así como todo tipo de arreglos, todo totalmente a mano. Era un auténtico artesano de las gafas. Al tiempo se les unió María Pilar Lazkanotegi, que estuvo durante un verano trabajando. Yo crecí en esa óptica. Para entonces mi padre llevaba algunos años en la óptica que teníamos en Rentería (Arieta Optika), que fue también la primera que se abrió allí. Desde entonces, Lupe mi Madre, ha seguido ligada de una manera u otra al mundo de la óptica, hasta que decidimos abrir entre los dos EUKENI OPTIKA. Yo soy el último eslabón de una cadena que empezó a enlazarse hace más de cincuenta años, representando así la 3º generación de Ópticos-Optometristas en mi familia.

Cuando contaba con tan solo 4 años.. según me comenta mi tío, me preguntó qué querría ser de mayor, a lo que con plena convicción le contesté: “ÓPTICO, COMO EL AITA!”. Y así fue. Lo mío es vocacional. A los 13 años empecé a ir en verano a la óptica de mi padre en Rentería, comenzando así mi aprendizaje en el taller de montaje. Para mí era como un juego. Empecé aprendiendo a montar las gafas graduadas. Eran trabajos manuales, PURA ARTESANIA. Por entonces no existían las maquinas automáticas e informatizadas de la actualidad. Aquellos años aprendí todas las técnicas que se utilizaban entonces para montar y arreglar gafas. Muchas de ellas siguen estando totalmente vigentes, como empotrar y remachar charnelas, realizar todo tipo de soldaduras etc. De ahí que hoy por hoy sigamos realizando arreglos que muchas ópticas no hacen.

 

detalle-instrumental- 2- optica

A los 13 años, en la ikastola, nos realizaron una revisión médica.

Cuando se dispuso a revisarme la vista, a partir de la quinta línea, no veía las letras! El medico me comentó que no veía bien y que me la debería de revisar. Le pedí que no pusiera nada en el informe, ya que mi padre era óptico y esa misma noche se lo comentaría. Y para mi asombro, no puso nada! Yo no me lo podía creer. Para entonces, yo ya me había percatado de q de lejos no veía muy bien, pero no dije nada en casa porque no quería llevar gafas. Mi padre guardaba en casa una antigua caja de pruebas (caja q contiene lentes q utilizamos los optometristas para graduar la vista).Un día que me encontraba solo en casa, saqué aquella caja y me gradué la vista, haciéndolo como tantas veces le había visto hacer a mi padre.
Una vez obtenida la graduación de cada ojo, me puse aquella antigua gafa de prueba con los lentes y cuando abrí los ojos, me quede maravillado. ¡VOLVIA A VER BIEN! Fue algo increíble, algo MÁGICO!, con aquellos lentes puestos la vida adquiría una nitidez y una colorido que yo ya no recordaba. A los pocos meses no tuve mas remedio que decirle a mi padre lo que me estaba pasando y me pusieron una gafa y Lentes de Contacto. Hasta hoy, más de 30 años han transcurrido desde entonces. Sigo con mis lentes de contacto y mis gafas.Soy miope. Sé lo que es ver mal. Por eso comprendo perfectamente a mis clientes. Entiendo lo que se siente cuando uno se da cuenta que ha vuelto a perder visión. Esto hizo que me decidiera con tanta firmeza a esa edad tan temprana a ser lo que soy.

Transcurridos 3 años desde la apertura nos dimos cuenta que necesitábamos incorporar a alguien para poder dar el servicio que queríamos ofrecer. Realizamos muchas entrevistas buscando la persona adecuada. Queríamos una chica joven, alegre, simpática y con muchas ganas de trabajar. Nuestro objetivo era formar un buen equipo. Después de realizar innumerables entrevistas cuando nos faltaban 3 candidatas, a las 13H15 de un jueves 22 de octubre de 1998, apareció Marta. Tenía 17 años. Nos fuimos los tres a comer a la Cantina de Guadalupe y tras la comida, supimos que era la chica que necesitábamos. A la semana siguiente empezó a trabajar. Hasta hoy.